Se me ha muerto el móvil
¿Cómo es posible que hace unos quince años viviéramos con toda la tranquilidad del mundo sin teléfonos portátiles y ahora seamos capaces de comprar inmediatamente uno nuevo si el viejo deja de funcionar?
Sí, es un tema roído, pero una compañera del departamento se quejaba hace unos minutos de la inoperancia de su aparatito, y acompañaba sus quejas con unos exabruptos (cuánto me gusta esta palabra) propios de alguien de nivel educativo bajo-bajísimo.
Pero claro, he criticado su postura y he tardado tres o cuatro milésimas en plantearme mi vida sin el teléfono móvil. Ahora, que acabo de sucumbir a la tecnología punta haciéndome con un ejemplar de una conocida marca finlandesa (buscaba algo sueco, como Ikea y Absolut, que me encantan, pero no ha habido suerte) que tiene pantalla táctil.
Yo, pobre de mí, que hasta hace cuatro días rechazaba los súper regalos que las compañías me ofrecían porque ni siquiera sabía usarlos, que cuando perdía un teléfono pasaba unos días disfrutando de la tranquilidad (y el bajón de la factura a final de mes) y, por supuesto, que daba esa imagen de ignorante de la vida (en cierta medida, lo soy) al llegar a una tienda de móviles y decir:
- Hola, quiero un teléfono móvil que me sirva para llamar y mandar mensajes. Lo demás me da igual.
J. Landa
Los comentarios estan cerrados.