Pintura JC. Sol y Luna

Mi abuela, de pequeño, me contaba la historia de Lorenzo, el Sol, y Catalina, la Luna.

Lorenzo estaba enamorado de Catalina. A más no poder. Pero nunca podía verla: cuando Lorenzo salía a la calle para ver a su amada, ella ya había vuelto a casa. Y cuando Catalina volvía a salir, él ya había entrado de nuevo en su hogar.

En verano, los días eran más largos y Lorenzo, al pasar más tiempo fuera, sin ella, estaba de peor humor; se enfadaba tanto que sus rayos eran todavía más fuertes y quemaban con más intensidad. En invierno, Lorenzo estaba más triste y Catalina, expresando su deseo de encontrarse con su amado, lloraba heladas y permitía que los vientos fríos recorrieran las ciudades.

Cuesta pensar que dos seres que se aman no pueden estar juntos. Cuesta. Pero no es imposible darles un nombre y un apellido.