Violencia de género

Érase una vez tres hermanas muy alegres que vivían en República Dominicana. No solo se trataba de chicas pizpiretas, sino que también se caracterizaban por ser fuertes, seguras de sí mismas y convencidas de su situación de mujeres y de luchadoras por su igualdad en la sociedad.

Hasta aquí, todo bien. Un caso más, podríamos decir. Pero es que estas tres hermanas, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, exisitieron. En la República Dominicana. En los años 50. Y eran unas chicas alegres, pizpiretas, fuertes, seguras de sí mismas y, sobre todo, convencidas de que su sexo no las hacía inferiores a nadie, de que ellas eran tan válidas como los hombres que las rodeaban.

Un éxito, podríamos pensar. Para ellas, sin embargo, se trató de su mayor pecado, o ilegalidad, para así sacarlo del terreno religioso. Fue su sentencia a muerte. La Policía secreta del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, las condujo, completamente desarmadas, hasta una plantación de caña, las asesinó a palos y las arrojó por un precipicio. Era su multa.

Una multa que hoy día han de pagar quienes ejecutan estas acciones. Pero es que debemos hacer lo posible porque estas acciones nunca lleguen a verse ejecutadas.

El miércoles, 25 de noviembre se cumplieron 49 años de la tortura y asesinato de las hermanas Mirabal. Desde 1999, conmemoramos el hecho y la lucha contra la violencia de género. Y lo haremos hasta su erradicación.